En Camino A La Prohibición Del Uso De Bolsas Plásticas En El Mundo.

Países como Estados Unidos, Australia, Argentina, Taiwán, Irlanda, Inglaterra, Dinamarca, Canadá, Israel, Singapur, entre otros, se han sumado a la lucha por el medio ambiente prohibiendo el uso de bolsas plásticas, llegando en algunos de ellos a instaurar impuestos logrando disminuir su uso

Países como Estados Unidos, Australia, Argentina, Taiwán, Irlanda, Inglaterra, Dinamarca, Canadá, Israel, Singapur, entre otros,  se han sumado a la lucha por el medio ambiente prohibiendo el uso de bolsas plásticas, llegando en algunos de ellos a instaurar impuestos logrando disminuir su uso. En Irlanda, el dinero recaudado en impuestos se utilizó para proyectos ambientales y en Bangladesh la prohibición  del uso de bolsas se concretó después de descubrir que éstas eran las causantes de graves inundaciones, al no permitir el desagüe por su acumulación en el sistema de alcantarillado.  Otros países prefieren reducir el uso de bolsas de plástico antes de prohibir su  utilización completamente, como es el caso de España.

Las bolsas plásticas son llevadas por el viento con facilidad. Éstas se cuelgan de los árboles, flotan por los mares o ríos,  obstaculizan los desagües y sistemas de alcantarillado, asfixian a los animales y afectan negativamente la apariencia de los paisajes. En África del Sur, la situación es tan alarmante que las bolsas plásticas son llamadas ‘la flor nacional’ por ser tan comunes en todas las zonas. Y por otro lado, aproximadamente de 80 a 100 vacas se mueren, diariamente, por  comer las bolsas plásticas que contaminan las calles de la India, según un estudio de un experto en evaluación del impacto medioambiental.

La mayor parte del plástico producido y utilizado termina en el océano, lagos o ríos. Aproximadamente 200 especies de vida marina, como ballenas, delfines, focas, leones marinos, entre otros, mueren por ingerir bolsas plásticas al confundirlas con comida. Por lo tanto, significan una amenaza para los animales que viven en el mar, las aves y animales terrestres. Las bolsas plásticas representan más del 10% de los desechos que llegan a las orillas de las costas. Además, con el pasar del tiempo se descomponen y se convierten en tóxicos que finalmente contaminan los suelos y las vías fluviales.

Anualmente se consumen, en todo el mundo, entre 500 billones y un trillón de bolsas plásticas, que necesitan ingentes cantidades de litros de petróleo para su creación. De ésta cantidad menos del 1% se recicla. Reduciendo las bolsas plásticas se disminuirá la dependencia del petróleo de manera alarmante en todo el mundo. En tan solo un país como China se ahorrarían 37 millones de barriles de petróleo cada año gracias a la prohibición del uso de las bolsas plásticas. El plástico es un material no biodegradable, por esto es  más costoso reciclar una bolsa plástica que producir una nueva. Es decir es más fácil hacerla que re-usarla.

La biodegradación es un proceso inherente de la naturaleza. Éste consiste básicamente en la descomposición de un organismo, que se debe a  la acción de hongos y bacterias. Ésta acción produce la creación de sustancias primordiales para otros seres vivos. Por otro lado, una sustancia no es biodegradable cuando supera la capacidad de los organismos que la descomponen. En efecto, las bolsas plásticas son fabricadas a base de petróleo, que es una fuente no renovable altamente hostil con el medio ambiente. Al reciclar una tonelada de bolsas, se ahorra energía equivalente a 11 barriles de petróleo, que asciende aproximadamente a la suma de un millón de dólares.

Las estrategias gubernamentales van encaminadas a prohibir el uso de bolsas de nylon o polietileno proponiendo la utilización de bolsas de tela o de un plástico biodegradable. Lo que diferencia a éstos tipos de materiales es su tiempo de  biodegradar, ya que las bolsas tradicionales pueden tardarse más de 1000 años en descomponerse y este tiempo tiene un impacto medioambiental negativo. Sin embargo, esta meta no es fácil de alcanzar, ya que, en la actualidad, no hay un sustituto real del plástico y para tener un sustituto se requieren tecnologías que necesitan inversiones fuertes y años para concretarse.

Cambiar nuestros hábitos, con respecto a la utilización de bolsas plásticas, significa un punto a favor para el medio ambiente. Si usamos una bolsa de tela, podemos ahorrar de 5 a 7 bolsas por semana. Es decir, a la semana sería, más o menos, entre 20 y 28 bolsas, lo que al mes significaría aproximadamente 300 bolsas. En un año la cifra se acercaría a 20.000 bolsas y  si sólo 1 de cada 5 personas hiciera esto, se ahorrarían 1.330.560.000.000 de bolsas en una vida promedio.

Lo importante es que todos tomemos conciencia de cuidar el medio ambiente para que no tengamos que esperar que en nuestro país impongan una ley que prohíba el uso de bolsas plásticas, sino que lo hagamos voluntariamente. Podemos simplemente no aceptar bolsas con cada producto que compramos y tratar de re-utilizar las bolsas que ya existen en nuestro hogar o en su efecto llevar bolsas de tela cuando vamos al supermercado.  De esta manera estamos contribuyendo  mínima y fácilmente a controlar el problema y apoyando la disminución de  la contaminación, ahorrando recursos y  disminuyendo el impacto negativo en el ambiente.

El cambio al que debemos someternos los humanos por dejar de usar bolsas plásticas no es para nada drástico, ni si quiera es algo complicado. No obstante, la verdad es que debemos ser cada uno de nosotros quienes empecemos a actuar. Como siempre y como en todo en nuestro mundo, hay mucho intereses creados alrededor de esto, que van en contra de un actuar que sea más acorde con las circunstancias medioambientales que hoy tenemos.

Es evidente que grandes empresas y muchos países no quieren que dejemos de usar bolsas, para que el petróleo pierda demanda a nivel mundial. Muchas empresas e hipermercados no quieren perder todo el proceso que ya se ha organizado en pro del uso de las bolsas para empacar los productos vendidos.

El avance que muchos países alrededor del mundo han tenido en la implementación de esta política es muy avanzado. Sin embargo, la verdad es que para ver los importantes efectos de esta política, debemos esperar los cambios en el largo plazo, más no en el corto. Los beneficios que estas políticas pro-ambientales dejan muestran su efectividad en el futuro, no de manera inmediata, por lo que debemos empezar a actuar ya y a ser muy consecuentes con lo que vamos haciendo. El cambio depende de todos.