Cómo se forman los ciclones

Estos tienen que ver directamente con la fuerza de rotación de la Tierra, la cual es lo suficientemente fuerte para generar temperaturas de agua que a nivel de la superficie llega a ser 26° C o aún más alta.

Ciclones, huracanes o tifones son exactamente lo mismo; lo único que varía el nombre dependiendo de la zona donde se produzca (de hecho, la palabra huracán proviene de la lengua maya que es la forma en cómo ellos llamaban a las tormentas), por lo que en este artículo usaré las tres palabras a manera de sinónimas e indistintivamente. Así, estos se forman e intensifican en océanos tropicales y subtropicales debido a la misma fuerza de rotación que ejerce nuestro planeta en su propio centro, en donde hay una baja presión generando temperaturas de 26° C a más.

Así, un huracán recoge todo su poder a raíz de la condensación del vapor de agua (es decir cuando el vapor de esta se condensa liberando calor de manera que hay una condensación. De esta manera, el aire que está cargado de vapor de agua el proviene de esta evaporación en la superficie del mar, empieza a subir de manera muy rápida y también a expandirse. Cuando esto ocurre, empieza a enfriarse y el vapor de agua se condensa liberando grandes cantidades de energía y también formando nubes de tormenta que podrían llegar a sobrepasar los 15 mil metros de altitud. De esta manera, lo que se llega a ver es un remolino de medidas gigantescas que alcanza a tener cientos de miles de kilómetros cuadrados.

La energía que se libera en este proceso de condensación es igual a una bomba de 20 megatones y además, también es equivalente a toda la energía que consume el país de los Estados Unidos en seis meses.



¿Dónde nacen los ciclones?
Se dan en las depresiones tropicales, así una garganta de gran altura une el frío de latitudes medias. Luego, las nubes cúmulos de los vientos alisios empiezan a organizarse de tal manera que hacen un centro. Así, aparece una depresión atmosférica en donde es usual que el viento comience a subir su velocidad en la superficie. De esta manera, la velocidad máxima promedio, en tan solo un minuto, puede llegar a ser de 62 Km/h o inferior y la presión disminuye hasta cerca de los 1000 Hpa.

¿Cómo se desarrollan los ciclones?
Las tormentas tropicales  se dan cuando la depresión tropical  aumenta o también se desarrolla y va adquiriendo la característica de tormenta tropical, esto quiere decir que el viento continúa creciendo llegando a alcanzar una velocidad máxima de entre 63 y 118 km/h. Así, las  nubes se distribuyen en forma de espiral y comienza a formarse un pequeño ojo que casi siempre todas las veces tiene forma circular. Así, la presión en su centro se reduce a menos de 1000 Hpa. En este momento es cuando se le da un nombre extraído de una lista formulada por el Comité de Huracanes de la Organización Meteorológica Mundial.

Cuando se intensifica la tormenta tropical y el viento llega a alcanzar una velocidad máxima, que puede llegar a 370 km/h, se entra en la etapa de madurez del mismo ciclón.  De esta manera, el área nubosa llega a expandirse hasta tener entre 500 a 900 km de diámetro (e incluso más) por lo que produce intensas precipitaciones. En esta etapa, se puede medir la intensidad del ciclón por medio de la escala de Saffir-Simpson.

Cuando se trata de un ciclón típico, los vientos rotan alrededor de un centro que tiene una baja presión y que se le conoce como el ojo del huracán. Así, el aire sube en las nubes que forman la pared del ojo, rodean el centro y se van hacia fuera en los niveles superiores. Esta forma de circulación radial, es decir hacia el centro, y de arriba hacia fuera hace que las nubes que constituyen la pared del ojo, se mantengan en un gradiente vertical de manera muy inestable. Así, en este ojo, donde no se haya ninguna nube, los vientos son leves y la presión atmosférica es muy baja. De hecho, los vientos más fuertes se localizan y en la pared del ojo, es decir que se organizan como si fueran un anillo que se ubica alrededor de este. En el tope máximo de esta pared, es decir a más de 15 km de altura, la mayor parte del aire se impulsa hacia fuera, por lo que aumenta el movimiento del aire ascendente. Sin embargo, parte de este aire se mueve hacia adentro y baja por el ojo creando de esta manera, una zona libre de nubes.

Así, un huracán constituye el ejemplo más espectacular de lo que una transformación de calor en energía cinética existe en la atmósfera.

La última fase es la de disipación que es cuando este inmenso remolino se adentra en aguas más frías o hasta que entra a tierra firme. De hecho, cuando toca tierra firme, el aumento en la fricción sobre el suelo hace que se aminoren los vientos sostenidos, sin embargo, después de unas pocas horas,  ya empieza a debilitarse de manera muy rápida sobre la tierra, no por causa de la fricción sino porque ya no tiene las fuentes de humedad y calor que le daba el océano, por lo que su capacidad para producir las tormentas que forman el sistema se ve afectada.

Sin embargo, existen beneficios
En definitiva, un ciclón tropical deja impactos que se traducen en muchos daños para el hombre debido a los efectos del oleaje, el viento, las lluvias, la marea de las tormentas, etc.; sin embargo, gracias a ellos y a toda la precipitación que se da durante el fenómeno es factible que se llenen las presas y que se recarguen los acuíferos, lo que al mismo tiempo facilita que se pueda contar con reservas de agua para la agricultura, la generación de las hidroeléctricas y también, para el suministro de agua potable.