Chernobyl en la actualidad

El 26 de abril de 1986 se registró el peor accidente nuclear de la historia. Una explosión en el rector numero 4 de la central nuclear de Chernobyl, en Ucrania, generaría un impacto que aún mantiene graves secuelas en miles de personas.

El 26 de abril de 1986 se registró el peor accidente nuclear de la historia. Una explosión en el rector numero 4 de la central nuclear de Chernobyl, en Ucrania, generaría un impacto que aún mantiene graves secuelas en miles de personas. Sólo a pocos minutos de registrado el accidente, se estima que casi cinco millones de habitantes se vieron afectados a consecuencia de esta catástrofe, entre ellos, las brigadas especializadas que asumieron la tarea de sofocar los incendios y neutralizar las fugas radiactivas.

Localización de la ciudad de Chernobyl – imagen obtenida de Wikipedia, subido por: DDima.

Cerca de treinta habitantes murieron por la exposición radiactiva. Para tener una idea clara de las dimensiones de esta tragedia, la explosión liberó unas 500 veces más radiación que la bomba atómica arrojada por Estados Unidos sobre la ciudad japonesa de Hiroshima en 1945

En ese momento se consideró la inmediata evacuación de las poblaciones en un radio de 30 kilómetros, casi 40 mil personas eran habitantes de ciudad de Chernobyl y se vieron obligados sus hogares tal como estaban. Nadie imaginaba que radiación terminaría propagándose por toda Europa.

A más de dos décadas de este accidente, la evaluación de víctimas totales por la contaminación directa, o por las consecuencias indirectas de la catástrofe asciende a 20 mil personas muertas o con pronóstico fatal, debido a las afecciones contraídas por la radiación y cerca de 300 mil aquejadas por distintos tipos de cáncer.

Pero las cifras generales no permiten vislumbrar las dimensiones reales de este accidente. Al menos 237 personas presentaron síntomas del Síndrome de Irradiación Aguda, después de esta fase, por lo menos 14 personas más han fallecido en los años siguientes al accidente. Pero ellos no los únicos, pues entre 600 mil y 800 mil personas, entre trabajadores especializados, voluntarios, bomberos, militares y otros, fallecieron en distintos períodos.

Reactor 4 en Chernobyl - imagen obtenida de Flickr, autor: Carl Montgomery.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, se produjeron 565 casos de cáncer de tiroides en niños y en algunos adultos, que vivían en las zonas más contaminadas. Estos casos encontraron un registro alarmante en la zona de Gomel, en Bielorrusia, donde se encontró un aumento en cánceres de tiroides en niños de cerca de 100 veces a los niveles anteriores al accidente.

También se han encontraron evidencias de retraso en el desarrollo mental y desviaciones en las reacciones emocionales y del comportamiento en un pequeño grupo de niños expuestos a la radiación in útero. Pero aún no se ha podido determinar hasta que punto la radiación puede haber contribuido a estos cambios psicológicos.

El solitario rastro de la radiactividad

Hoy en día, se calcula que siete millones de habitantes de Ucrania, Bielorrusia y Rusia, sufren aún los efectos secundarios del accidente de Chernobyl, y necesitan tratamiento médico urgente, pero se enfrentan a un serio obstáculo en la escasez de recursos aportados por la comunidad internacional, que dejó gran parte del problema en manos de las tres naciones más afectadas, las cuales también enfrentan importantes problemas económicos.

Para ubicarnos en su situación actual, las estadísticas sanitarias en estos tres países revelan un aumento de enfermedades relacionadas a la exposición radiactiva, y el riesgo de cáncer de tiroides se multiplicó por diez para los ucranianos. Una triste realidad, y más si tenemos en cuenta que de los 50 millones de habitantes que tiene Ucrania, casi 3,2 millones de ellos han sido afectados por el accidente, número que incluye a un millón de niños. Incluso, este país registró un importante descenso de la natalidad, y la mortalidad infantil, hasta casi triplicar el promedio europeo. Pero como mencionamos, el rastro de la radiactividad también alcanzó a Bielorrusia, donde los casos infantiles de cáncer de tiroides se han multiplicado por 33,5.

Ciudad abandonada de Pripyat cerca de Chernobyl – imagen obtenida de Wikipedia, autor: Jason Minshull.

Por su parte, Rusia ha sufrido el impacto de la contaminación en unos 57 mil kilómetros cuadrados de su territorio, en los cuales viven cerca de tres millones de personas; de ellos, unas 184 mil sufrieron consecuencias de la radiactividad, en especial quienes trabajaron para paliar las consecuencias del desastre, y las víctimas mortales fueron unas 10 mil. También se ha producido un incremento de enfermedades asociadas al cáncer, principalmente en las regiones Kaluga y Bryansk, las cuales han sido consideradas como altamente contaminadas.

Junto a esos males, también se ha detectado una mayor incidencia de desórdenes del sistema nervioso y trastornos mentales, en niños procedentes de algunas zonas contaminadas de Bielorrusia, incluyendo un coeficiente intelectual más bajo, aunque aún no está muy clara su relación con la exposición a la radiación.

Igualmente, hay un incremento de enfermedades en las vías respiratorias como la  bronquitis obstructiva crónica y el asma bronquial, ello sin contar los múltiples trastornos digestivos, que también han sido observados en los niños expuestos a la radiación cuando aún estaban en el útero. Mención aparte, pero no menos grave la constituyen las enfermedades del sistema cardiovascular, de la piel, en el sistema endocrino y hasta en la estructura ósea.

Esto es lo que hasta la fecha se ha podido observar, pero aún queda por saber lo que vendrá. Los largos periodos de latencia para el desarrollo de cánceres, que pueden superar los 40 años, significan que podrían surgir nuevos casos en el futuro. El impacto en la salud de los niños expuestos a la radiación resulta evidente, y también es evidente que continuará a lo largo de toda su vida, y posiblemente se extienda a la vida de sus propios hijos. Lamentablemente, la falta de información disponible, y las enormes diferencias que registran las cifras estimadas de incidencia y aumentos de determinados tipos de cáncer y otras enfermedades, impiden dar una valoración exacta del conjunto de consecuencias para la salud.

Pese a que han transcurrido más de 20 años desde que sucedió la explosión de Chernobyl, aún se desconocen las dimensiones reales de lo que podría significar un accidente nuclear de esta magnitud en la salud humana. Se puede decir que hemos avanzado un tramo muy corto, si lo comparamos con lo se sabía antes de la explosión. Por esta razón es de vital importancia  continuar, e incluso aumentar, las investigaciones en este campo.